Método científico

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y, satisfecho con su obra, descansó. Primer día.

Hizo entonces llover sobre la tierra, y separó unas aguas de las otras. Creó el firmamento, y le puso el nombre de cielo. Vio Dios que aquello era bueno, y decidió descansar. Segundo día.

Despertó entonces el gran Dios y dijo: “Que hayan árboles que den manzanitas para que mis hijos puedan pecar y hacer refresco”. Y la tierra produjo hierba verde que dio semilla, y árboles frutales que daban fruta fresca según su especie. Vio Dios que a pesar de sí mismo aquello seguía siendo bueno y volvió a descansar. Tercer día.

Caprichoso, quiso Dios que hubieran estrellas en el firmamento. Dijo: “Que hayan estrellas en el firmamento”. Y hubieron estrellas en el firmamento. Estos y otros prodigios hizo Dios en presencia de nadie, pero no están escritas en este libro. Se escribieron estas para que crean que Dios era bueno. Cansado, decidió descansar. Cuarto día.

“Que las aguas saquen de su seno una infinidad infinita de seres vivientes, malolientes, vertebrados, y ricos en proteínas; y que vuelen pájaros sobre la tierra, bajo la bóveda celeste, entre las nubes”, dijo Dios. Creó así la primera cadena alimenticia. Sabía Dios, en su infinita sapiencia, que aquello era bueno, así que ya no vio. Descansó y entre sueños murmuró: “Sed fecundos y multiplicaos”. Creó así el primer problema de sobrepoblación. Quinto día.

Cuando despertó no pudo evitar ver que aquello era bueno, se regocijó, y dijo: “Que la tierra escupa de su seno seres vivos según se especie: vaquitas, lagartijas, perros; similares y genéricos intercambiables”. Vio Dios que aquello estaba bueno, y comió.

Díjose entonces Dios: “Dígome que haré al hombre a imagen y semejanza mía, para que, omnipotente como yo, domine sobre todo lo que sin esfuerzo he creado”.

Hizo Dios un gólem, hombre de barro sin alma. Sopló entonces sobre él y lo hizo hombre a su imagen y semejanza. Y con alma.

Vio entonces que su andrógina creación estaba sola, así que la hizo caer en un profundo sueño. Le arrancó la cola y con ella formó a otro ser. Fue así como hizo Dios al hombre y a la mujer. Los llamó hombre y mujer.

Al despertar, la creación más hermosa del Señor vio que todo aquello era bueno, y despertó a su pareja. Dijo entonces Dios: “Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra y contaminadla. Sed señores de los peces del mar, las aves del cielo, y los animales de la tierra. Pero no de vosotros mismos, de eso me encargo yo”.

Así fue como en el sexto día creó Dios al hombre. Y en el séptimo el hombre le regresó el favor.

Era la serpiente la más astuta de los animales que Dios había creado. Le dijo a la mujer: “¿Con que Dios os prohibió comer de los árboles del paraíso?”. Y la mujer le respondió: “Podemos comer lo que queramos, pero Dios nos prohibió comer la fruta del árbol del bien y del mal”. Pero la serpiente respondió: “Lo que pasa es que Dios sabe que el día en que comáis de esa fruta se os abrirán los ojos, y seréis como Dioses”. Pero la mujer, temerosa de Dios, le dijo que estaban bien así.

Vio Dios que aquello era bueno, y paseando por el paraíso se dio cuenta que todo estaba oscuro. Le preguntó a la serpiente, que era lo más astuto que había en el paraíso, qué podía hacer. La serpiente señaló la falta de Sol y Luna, y le recomendó que dijera: “Háganse el Sol y la Luna”.

Agradecido, creó Dios el infierno, que era bueno, y mandó a la serpiente allí. La serpiente vio entonces que aquello era bueno y lo volvió malo. Se creó a sí misma y se llamó Lucifer, enviado de la luz, porque había sido mandado por Dios.

Dijo entonces Dios: “Háganse el Sol y la Luna”. Se hicieron el Sol y la Luna. Vio que aquello era bueno e inútil, pues no iluminaban el firmamento que había creado. Decidió descansar para pensar en el problema.

Entonces, despertó Dios y vio que aquello seguía estando oscuro. Inspirado, pensó Dios que si decía: “Hágase la luz”, sucedería lo de siempre. Se haría la luz, eterna, infinita. Pura, blanca como la nieve que aún no había sido creada. Limpia, incandescente. Poderosa. Omnipotente.

Luego, el gran prestidigitador de la antigua alianza dijo, con bíblica voz: “Hágase la luz”. Y vivió cegado en su eterna oscuridad.